sábado, 27 de agosto de 2011

Cambio de look


hoy he decidido cambiar el look del blog, con una imagen de fondo acorde a los tiempos que corren, en que máquinas binarias que tiran números a bocajarro se han convertido en el patrón que gobierna nuestras vidas, incluso sin estar directamente implicados en el submundo de las finanzas: hoy ese sacrosanto y misterioso oráculo llamado "mercados", sin rostro, sin alma, lo decide todo sin consultarnos, ni a nosotros ni a nadie. No respeta personas ni gobiernos. Y su filosofía es bien sencilla: máximo beneficio, con sus hermanas pequeñas: productividad y flexibilidad.  Ellas han invadido nuestras vidas cual nuevos Profetas.

Pues lo dicho, y yo, a intentar concentrarme más en la arquitectura (y la cocina, por qué no) y menos en la política, que es una decepción día tras día al abrir los periódicos de la mañana... Pero es imposible! cómo bien se puede ver en los artículos que he posteado sobre William Curtis. U otro par de artículos que estoy preparando para postear en estos días: arquitectura, planeamiento y política están absolutamente imbricados los unos con los otros: es imposible "hacer ciudad" sin pensar en implicancias normativas, en políticas diseñadas y aplicadas desde los centros de poder. Hoy, como ayer, veo de total actualidad aquello que escribiera Walter Benjamin en el año 1940, desesperanzado ante el implacable avance de los totalismos en Europa (y viendo llegar su propia muerte):


"Una pintura de Klee titulada Angelus Novus muestra un ángel que da la impresión de disponerse a alejarse de algo que está contemplando fijamente. Sus ojos están muy abiertos,  como también su boca, y sus alas están extendidas. Así es como nos representamos al ángel de la historia. Su cara está vuelta hacia el pasado. Allí donde nosotros percibimos una cadena de acontecimientos él ve una sola catástrofe que acumula ruinas sobre ruinas y las lanza ante sus pies. El ángel desearía quedarse, despertar a los muertos y recomponer lo que ha sido destrozado. Pero sopla una tormenta desde el Paraíso y azota sus alas con tanta violencia que el ángel ya no puede cerrarlas. Esta tormenta lo impulsa irresistiblemente hacia el futuro, al que él da la espalda, en tanto que el montón de escombros ante él crece hasta el cielo. Esta tempestad es lo que llamamos progreso". *


Hoy el totalitarismo no tiene rostro, no tiene nombre, no es Hitler, ni Mussolini, ni Franco, imposible de identificar, y por lo tanto, de combatir... Cada vez estamos más cerca del Mundo feliz de Huxley, y cada día creo más en el único escapismo posible: aquel orwelliano Winston Smith de1984, o el Sam Lowry de Brazil, huyendo como un ángel hacia los sueños, con una sonrisa en la boca mientras su cuerpo queda tirado en una silla de interrogatorio. Solo nuestra mente y nuestro corazón se mantendrán libres, el último territorio a defender. Todo lo demás está siendo devastado por las hordas bienpensantes...