viernes, 26 de agosto de 2011

William Curtis [III]

Continúo con los dichos del señor William Curtis, historiador de arquitectura. Ahora se trata de una entrevista concedida a un periódico gallego la semana pasada, en la cual abunda en críticas (positivas y negativas) con nombre y apellido sobre las últimas grandes obras realizadas en Galicia. Lo considero interesante justamente por eso, porque viene a decir cosas bastante a contracorriente de las que se han escuchado en los últimos años, ensalzando la política de despilfarro con grandes obras icónicas "para poner a mi ciudad en el mapa", como más de un político ha dicho. Es verdad que ahora, con la crisis económica, parece que todo el mundo se suma también a este tipo de críticas, todos son visionarios de que este modelo era insostenible... por favor, hasta los supuestos "críticos" que solo se dedican a hacer marketing con notas pagadas ahora se suman a esta tendencia: ahora toca criticar el pescado vendido durante los últimos 10 años. Por eso he colgado previamente a esta entrada del blog entrevistas anteriores a W. Curtis, porque en su caso su línea de pensamiento y crítica no es producto de la moda de una época, sino que hace tiempo que viene diciendo lo mismo.
Coloco a continuación un extracto que he hecho de la entrevista. Las negritas son mías. 

´Los políticos destrozan las ciudades con su ignorancia´
William Curtis entrevistado por Isabel Bugallal, para “La opinión A Coruña”
18.08.2011

Ciudad de la Cultura, Santiago
Es muy crítico con la arquitectura actual, ¿qué considera buena arquitectura?
Eso es demasiado general.

Critica la arrogancia y el narcisismo de ciertos arquitectos.
De los que solo se preocupan por la imagen, la imagen y la imagen. Últimamente se ha hecho demasiado énfasis en una arquitectura icónica, con presupuestos desorbitados y ajena al lugar. Hay, sin embargo, proyectos muy buenos como el del Centro Galego de Arte Contemporáneo, en Santiago, de Álvaro Siza. Es un precioso edificio, respetuoso con el entorno y la topografía. Aunque no puedo decir qué es buena arquitectura en general sí puedo dar un ejemplo de lo que es buena arquitectura.

¿Y de mala arquitectura?
Exactamente, enfrente está la Ciudad de la Cultura, de Peter Eisenman, que es un desastre total. Reúne todas las características de mala arquitectura: forma caprichosa, fuera de escala, no funciona como edificio para lo que fue proyectado, destroza el paisaje... Es un ejemplo de contenedor sin contenido.No es solo un problema arquitectónico sino también político. Es un mal proyecto.

¿El ordenador puede ser un peligro para la arquitectura?
La generación de imágenes por ordenador puede llevar a hacer una arquitectura sin rigor, a una simple serie de geometrías sin significado.

¿Es lo que hacen Eisenman o Zaha Hadid? Es la moda.
Ese es el problema, que es solo moda sin contenido y la moda es pasajera. Es un juego gratuito, una arquitectura sin sustancia. Eisenman ha partido, supuestamente, de la imagen de una concha de vieira y ha dejado anonadados a los políticos con la idea, pero es una mentira, incluso el juego pseudofilosófico de Deleuze en el que se basa... ¡Por favor!

También denuesta usted el palacio de congresos de Rem Koolhaas en Córdoba.
Es mastodóntico y feo. Todavía es peor, una falta total de responsabilidad del arquitecto con la sociedad.[...] La obra de Koolhaas rompe la armonía, como la rompe en Sevilla la seta envenenada de la plaza de la Encarnación proyectada por Jünger Mayer. Es el problema de todas las ciudades que intentan hacer marketing y venderse como producto, lo cual muestra la ignorancia de algunos políticos, que destrozan la propia ciudad. [...] Esta obra de Mayer es otro ejemplo de mentira visual generada por ordenador.
Palacio de Congresos, Córdoba: maqueta
 Ha llamado la atención sobre “la maldición del Guggenheim”.
La gente cree que puede reproducir en otros sitios la ilusión del efecto Guggenheim de Bilbao, y eso responde a un análisis superficial porque no tiene en cuenta las condiciones previas que permitieron ese efecto. El Guggenheim de Bilbao no solo es el edificio sino la colección de arte que le da sentido. Otro ejemplo de desastre arquitectónico en España es el Centro Niemeyer, de Avilés.

La tildó de “autoparodia”.
Hay mucha ingenuidad en los políticos, creen que con un icono pueden mejorar la economía local. Niemeyer hacía grandes edificios hace cincuenta años pero ahora hace reproducciones de aquellos como niemeyercitos. Galicia, que es una de las zonas más pobres de España y tiene un presupuesto limitado para obras culturales, tiene que pensar en las zonas rurales y en los pueblos, y no concentrar el dinero en un supermercado cultural a las afueras de Santiago que es un dinosaurio, y lo que es peor, genera un conflicto entre la Ciudad de la Cultura y la ciudad histórica. Es un proyecto profundamente antiurbano.


Centro Niemeyer, Avilés
¿Lo imagina terminado?
Es imposible. Si de mi opinión dependiese, diría: “Paradlo. No se hace más. Terminado”. Incluso deberían ocultarlo con una masa de árboles. No es ni ciudad ni cultura, acabemos con esa ficción, quitémosle el nombre y repensemos para qué sirve. Es como un centro comercial americano y a lo mejor ese es su destino. Es un capricho político muy caro para la población.

¿La crisis acabará con esa megalomanía?
No solo es de los políticos y de los arquitectos, también de la gente. Los políticos deben definir la sociedad, no la arquitectura.

Se puede leer la entrevista completa en este enlace.

Ciudad de la Cultura de Santiago: maqueta. Cualquier parecido con la realidad es mera coincidencia.....
 



jueves, 25 de agosto de 2011

William Curtis [II]


Acaba de salir en un periódico gallego una nueva entrevista a William Curtis, un historiador de arquitectura bastante lenguaraz y que nunca deja indiferente, ya que cada vez que habla suele decir cosas bastante "políticamente incorrectas" y que no es habitual escuchar abiertamente en el mundillo en el que nos movemos los arquitectos. Pero ahora, antes de poner un extracto de dicha entrevista, y para que se pueda entender mejor su línea de pensamiento, quiero recuperar una entrevista previa, concedida en el 2007 al Círculo de Bellas Artes de Madrid, y que fue publicada en el número 04 de la revista del Círculo, Minerva.  
Pongo a continuación un extracto de la misma (las negritas son mías).
La buena arquitectura no busca el protagonismo
William J. R. Curtis  entrevistado por Juan Miguel Hernández León

Ha expresado en diversas ocasiones sus reservas sobre la exposición On-site: New Architecture in Spain que tuvo lugar en el MoMA la primavera pasada y que tanta repercusión ha tenido. ¿Podría indicarme cuáles son, a su juicio, los principales problemas de esta muestra?
En primer lugar, quisiera impugnar la idea que constituye el eje del planteamiento de esta exposición de reunir la arquitectura en España y la arquitectura española como si fueran lo mismo. Es una visión muy, digamos, «MoMA-céntrica», una manera de hablar de España curiosa, como diciendo: «Oh, todos nuestros amigos están allí construyendo: Koolhaas, Zaha Hadid, Jean Nouvel… y, ¿sabes? ¡Hay incluso españoles interesantes!». Y no se trata sólo de esta exposición; es un problema de enfoque, muy típico de un mundo que está desapareciendo: me refiero a Nueva York como núcleo cultural y al MoMA como catedral de la modernidad. En lo relativo a la arquitectura, hace ya mucho tiempo que el MoMA se limita a seguir las modas más o menos a distancia, como si la arquitectura fuera el escaparate de una joyería, ajena a la sociedad. Este es, pues, el primer malentendido profundo que aqueja su visión de este país, en donde la arquitectura de calidad está íntimamente ligada al diálogo con la sociedad, con el contexto urbano –en sentido físico– y la iconografía de la ciudad. Además, hay otro aspecto en la exposición que no me convence y tiene que ver con el sentido de la historia, de las continuidades y discontinuidades entre generaciones. La arquitectura moderna existe en España desde hace setenta años o más. Desde luego, en los años treinta, especialmente en Cataluña, la arquitectura pasó por un momento glorioso, que se revitalizó en los años cincuenta, creando prototipos muy fuertes –como el gimnasio del Colegio Maravillas de Alejandro de la Sota–, que están muy presentes en el subconsciente de dos o tres generaciones de españoles. Tanto la exposición del MoMA como el catálogo presentan tres mitologías extremadamente erróneas: en primer lugar está la idea de que la modernidad sólo llegó a España con la democracia, algo completamente falso; en segundo lugar, la ficción de que la energía llegó con Frank Gehry, cuando el impacto real de Gehry en la arquitectura española es bastante marginal, y, en tercer lugar, la afirmación de que las grandes construcciones se realizaron gracias al dinero que entró en España a raíz de su adhesión a la Unión Europea, cuando muchas obras arquitectónicas de gran valor son de los años ochenta, antes de la gran apertura a la economía internacional.

¿Piensa usted que ese es el sentido del artículo «Shaking off the dust» [Sacudiéndose el polvo] de Terence Riley, responsable de arquitectura y diseño del MoMA?
Sí, quizás sea ese el sentido. ¡Pero para mí son las falsas apariencias! [Risas] ¡Hay tanta imprecisión sobre lo que ocurre en España! El principal problema es el que yo, como historiador, suelo llamar «provincianismo del presente»: parece que estamos encerrados en un diálogo sobre la arquitectura de los últimos cinco años. Es la moda de las instalaciones con imágenes seductoras sin contexto alguno, de las maquetas suntuosas que han debido costar una fortuna y que sólo sirven para deslumbrar, no para explicar. No hay análisis, ni siquiera hay sentido; el sentido de la luz solar, de la orientación, de la situación. Me recuerda a los grandes almacenes Neiman Marcus de Nueva York: ahí están los pobres españoles, expuestos como calcetines o camisas entre todo lo demás. Con ese enfoque es imposible explicar lo que ocurre en España.

¿Cuál es, en su opinión, la misión de la crítica?
La de evaluar las cosas. La palabra «crítica» viene de un término griego cuyo significado tiene que ver con la separación de lo bueno y lo malo, y de eso se trata. Naturalmente, es una tarea muy compleja, ya que el análisis o la comprensión de una obra tiene muchos niveles distintos, en ningún caso podemos aceptar esa especie de valorización automática que tiene lugar a través del star system. Tomemos como ejemplo el proyecto ganador de Koolhaas en el concurso internacional para levantar un palacio de congresos en Córdoba. En la exposición del MoMA hay una maqueta muy bien hecha del edificio, y se puede apreciar que está completamente fuera de escala. Es un edificio de setenta metros de altura, muy, muy alto. Koolhaas siempre ha declarado que el contexto le importa un comino, de ahí que construya algo que claramente respeta poco el contexto cordobés. Ésta es, justamente, la visión contraria a la de la mejor arquitectura española, que no pretende hacerse con el protagonismo, sino dar un sentido mesurado en relación al entorno existente. Precisamente al lado del edificio de Koolhaas se va a construir un bello proyecto de Nieto y Sobejano, un museo de arte contemporáneo con sentido de la escala, bien implantado, que presta atención a la memoria del lugar, incluso a la historia islámica, sin convertirla en cliché ni en folclore. En el mismo emplazamiento, enfrente, está también Juan Navarro Baldeweg, con una intervención bastante discreta. Para mí y para casi todo el mundo, Córdoba es un lugar casi sagrado, por lo que llegar y situar ahí un pegote así como así, como hace Koolhaas, trasluce una arrogancia absolutamente sintomática de la situación actual.

¿En España hay crítica o hay marketing?
¡Hay de todo! Pero sin duda hay demasiada promoción, y falta capacidad de análisis y resistencia crítica. Uno de los problemas es la manera en que se forman las listas de los concursos: siempre figura más o menos la misma gente. Es el lado malo del «efecto Guggenheim»; una firma de renombre no garantiza un buen edificio. De hecho, es más bien al contrario: los grandes estudios internacionales funcionan con un sistema de hiperproducción. Es el fast track, una producción extremadamente rápida con toda la asistencia tecnológica imaginable, que desemboca en proyectos muy esquemáticos. Hay un exceso de demanda y de inversión, y un ambiente de espectáculo disfrazado de cultura. Un buen ejemplo es el Forum de las Culturas de Barcelona, en mi opinión, una idea fallida por culpa de las prisas. El edificio azul de Herzog & de Meuron ilustra perfectamente este problema: es fruto de una idea completamente esquemática, sin desarrollar, con un programa insertado a la fuerza… Como si hubieran querido hacer algo mejor y, al final, sólo les hubiera quedado ese spray azul bastante vulgar, aderezado con ciertas ocurrencias. Y lo siento mucho, pero eso no es arquitectura.
[...]
¿Juega un papel importante en la formación del arquitecto español la dimensión tecnológica?
Sí, y es curioso que la exposición del MoMA no preste ninguna atención a los recursos tecnológicos que se emplean en España, que no muestre hasta qué punto en grandes obras españolas los recursos son extremadamente sencillos. La paleta de materiales de la arquitectura española es única, muy diferente de la francesa por ejemplo. Las cosas están cambiando, cada vez se tiende a una homogeneidad mayor, pero todavía existe un rigor encomiable y una cultura local sostenida no sólo por las escuelas sino también por los colegios profesionales. El problema, de nuevo, es el triunfo del fast track y del marketing. Cada vez más, los concursos se ganan con imágenes seductoras generadas por ordenador; lo sé bien, porque he sido miembro de algunos jurados y hay que estar muy atento para fijarse bien en el proyecto y no dejarse distraer. Este tipo de promoción de la arquitectura con imágenes de ordenador supone un gran riesgo, ya que en ocasiones ni el propio arquitecto sabe cómo va a realizar su proyecto.
[...]
En la historiografía y la crítica arquitectónicas hay historiadores que podríamos calificar de «clásicos», mientras que usted siempre me ha parecido un historiador atípico, que entiende bien los fundamentos fenomenológicos de la arquitectura, no sólo los formales. ¿Cuál es su formación? ¿Historia del arte?
Sí, estudié historia del arte en Harvard, pero lo cierto es que me he pasado media vida tratando de escapar de mi formación inicial… Para mí, al fin y al cabo, la base del análisis arquitectónico es la obra en su emplazamiento. La arquitectura no se puede tratar como la pintura, ya que nos concierne en todos los niveles de la vida. Por lo demás, es cierto que mis metodologías son algo distintas; digamos que la prueba final es la obra, con toda su riqueza y su complejidad. Hay numerosos historiadores que abordan su objeto de estudio a través exclusivamente de los discursos, proclamas, conferencias y manifiestos de arquitectos. ¡Es ridículo! Un arquitecto puede decir una cosa en un congreso y hacer otra bien distinta cuando tiene un encargo. Como historiador, a mí me interesa la idea arquitectónica, que es algo muy distinto de las ideas teóricas que pueda sostener un arquitecto.

Minerva es la revista cuatrimestral del Círculo de Bellas Artes. Recoge y amplía la actividad de la institución a través de entrevistas, artículos y reportajes. Cuenta con la colaboración de reconocidas firmas de la literatura, el arte, el pensamiento, la arquitectura y la fotografía. 

La entrevista completa se puede leer en este enlace.